Tuesday

GP y DB

Veo tapitas por todos lados

No puedo recordar cómo comenzó esta manía. Lo que sí sé es que hoy por hoy no puedo emprender el recorrido callejero más banal y transparente sin terminar con los bolsillos repletos de tapitas. Es insólito cómo actúa el interés, haciendo que se materialicen objetos que hasta hace poco tiempo atrás pasaban inadvertidos a nuestros ojos. Antes, cuando yo era un ser normal que iba de un punto a otro de la ciudad con los bolsillos vacíos, cuando prestaba atención a otras cosas más edificantes que circulan por la calle, no veía la cantidad de botellas que veo ahora. No sólo botellas: en Buenos Aires la basura se regenera, pareciera que se reproduce por ósmosis, se multiplica minuto a minuto. En cada esquina, asomando en cada tacho de basura, siempre hay una botella. Y el juego consiste en apostar a si esa botella posee su tapita o carece de ella.
He llegado incluso a sospechar cierto funcionamiento psicológico complejo en quienes arrojan las botellas a la basura con la tapita debidamente enroscada, o en quien la enrosca de tal manera que luego no puede desenroscarse como no sea con el uso de todas las fuerzas de las que uno tiene a su disposición dependiendo de la hora del día. Los viajeros del subte, por ejemplo, tal vez porque están sometidos a la larga espera, suelen arrojar las botellas a los tachos del andén con su correspondiente tapita. En la calle la gente está más atareada y suele tirar la tapita por un lado y la botella por otra. A quienes enroscan excesivamente la tapita siempre me los imagino como personas con problemas, asesinos seriales en potencia, estafadores y narcotraficantes, malas personas.
Hay quienes –con razón– consideran que no es tarea del habitante solidario de la metrópoli proveer a la supervivencia y el suministro de los hospitales, y que es el Estado quien debe ocuparse de ese trabajo. Pero ni aún en esos casos de conciencia estatalista la tarea queda excluida, porque lo cierto es que quien junta tapitas por la calle lo que está haciendo es sacar de circulación el plástico, colaborando en el reciclado. ¿Que el Estado también debería ocuparse de eso? Puede ser, pero hay que ayudarlo un poco.

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"El cowboy tradicional de la especie norteamericana del Lejano Oeste desapareció cuando masacraron los bisontes y alambraron las praderas abiertas. El espíritu intrépido del kamikaze desapareció del Japón con la influencia occidental. No pretendo ser un cowboy de verdad ni un kamikaze real, pero la atmósfera de mi juventud en la comunidad campestre del Montana de hace tiempo, y la disciplina de autoconfianza, durante el viaje de mi vida, da validez al título de este libro y quizá una nueva definición para ambos términos en la Norteamérica contemporánea. En todos nosotros puede haber un pequeño cowboy y un pequeño kamikaze. Debería haberlos." (Dirk Benedict)

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