Saturday

AL

Nucleón

Nucleón es una historia llena de serpentinas, confeti y control mental. Empieza con una pesadilla dentro de una pesadilla y termina con mi sobrino convencido de que existe, está en su sangre y que, según un amigo, sólo desaparece si se lo cuentas a tu madre. Sólo a ella, no a tu padre, señala.
Me pide que no le cuente a nadie la historia completa y así lo hago. Pero me interroga sobre mis miedos. Tú sabes, tío, cuando eras pequeño, ¿o qué nunca fuiste pequeño?, me dice. Pues bien. De ser un niño casi enfermizo, a ser un don nadie a edad tan temprana, explicarme mis miedos para luego explicárselos a él, me parecía tarea fácil.
Vienen a mi cabeza 3. Espero que estés listo a enfrentárteles o a reírte, da igual, le digo.
El primero es mi sombra. Recuerdo poco y lo que recuerdo es a mi padre contando la anécdota. Es de noche y me pide que busque dos pedazos de madera en el patio. Tengo 5 años, no más no menos. El patio es oscuro pero hay una sola luz que recorre toda la pared de la entrada. Antes de coger los pedazos de madera le pregunto qué es eso negro que se mueve al mismo tiempo que yo. MI padre, un decano para hacer bromas, me dice que es una mancha que “arremeda” a quien lo ve. Me paso minutos entendiéndolo. Aterrado, sigo viendo las sombras hasta que tira una carcajada y todo se desvanece.
El segundo es un chiste hecho película. It´s Alive, de Larry Cohen. Un pack de terror futurista. En ella, se abren los setentas con la ciencia: algo parecido al ácido fólico todavía es un experimento; los bebés nacen con colmillos y garras. Algo parecido a un bulldog con el cráneo de Henry Rollins. Matan, descuartizan y beben leche con sangre. Una oda inmesurable al cine italiano de Bava y Lenzi. La veo con mi hermana a los 10 años, un día antes de entrar a una nueva escuela de la que no sabía nada. Llegué a clases tan cansado por no poder dormir, que accidentalmente me clavo la punta del lápiz en un dedo. La marca, que sigue ahí como una pequeña mancha café, me trae de regreso a la noche en que mi hermana me repetía que sería de vital importancia, revisar a mi madre, quien, para nuestro infortunio, espera la llegada de mi hermana menor. Son los dos meses más duros de mi infancia, viendo a mi madre poniéndose gorda, esperando el salpicón de sangre en cualquier momento.
La tercera es única y estúpida. Viene con una carga increíble de ignorancia. Fue luego de ver Fire in The Sky. Una película que no he vuelto a ver desde el día en que, entre la pandilla, decidimos juntar 20 pesos para rentarla en un Blockbuster. Tengo 13 años, ya, y voy a salir de secundaria. Para llegar a ella tenía qué cruzar un terreno oscuro a las 6:30 de la mañana. La historia de Travis, verán, es tan idiota y tan cuadrada -por no decir conmovedora- como la historia de La Llorona. Pero imaginarme en una plancha, con un montón de cabezas-foco, conectándome tubos, jeringas, y lavativas, me tuvo al borde del abismo durante un mes, aproximadamente. Le cuento a mis compañeros de clase y ríen. Están convencidos de que volverse loco tiene qué ver con el poder del cine. Me invitan a sus casas a ver películas y les pido que sea temprano. En las noches veo el cielo como un imbécil y camino cada 3 pasos revisando no tropezar.
No es tan difícil deshacerse de los miedos cuando uno es pequeño, le digo a mi sobrino. Es cuestión de mantenerse ocupado. Él me contesta que es más difícil deshacerse de los abusones en la escuela. Pero a eso yo no le tenía miedo. Yo sí, tío, vaya, son más reales. El gran sentido del humor de mi sobrino me abruma.

Comments: Post a Comment

Subscribe to Post Comments [Atom]





<< Home


← older . > newer →


This page is powered by Blogger. Isn't yours?

Subscribe to Comments [Atom]